José Luis Jara
Entre las tareas más
inmediatas que existen para avanzar –o retroceder, porque existe la
posibilidad- en la transición democrática en Sonora se encuentra la elección de
los futuros consejeros ciudadanos, quienes se encargarán de organizar y
contabilizar los futuros comicios sonorenses.
No obstante la
magnitud del reto, en los hechos nos encontramos con un Consejo Electoral
saliente con graves riesgos de naufragio, o por lo menos con el timón sin
rumbo, y un proceso de selección de futuros consejeros ciudadanos que navega en
las corrientes de intereses de las fracciones parlamentarias.
El último camuflaje
que se eligió para analizar a los190 aspirantes a consejeros ciudadanos,
ocurrió en el Congreso del Estado, cuando se formaron las nueve comisiones para
entrevistar a cada uno de la larga lista de candidatos.
Se dieron a la tarea
de carearse con los aspirantes y la única metodología que utilizaron para
escoger a sus propuestas, fue el ambiguo “melatismo”. Es decir, las preguntas
que hicieron los diputados fueron las que les latieron.
En otras palabras,
aún con los enormes recursos que tienen a su disposición los representantes
populares, no tuvieron la capacidad de pensar en involucrar a los estudiosos o
investigadores, a fin de elaborar una encuesta o entrevista, mediante la cual
detectar los valores democráticos de los candidatos a consejeros ciudadanos y
escoger a las personas más idóneas para sacar la tarea del Consejo Estatal
Electoral, por lo menos en tres rumbos claves: profundizar la cultura
democrática, respeto a la ley y ciudadanización del organismo electoral.
Sin embargo, esas
tareas de la transición no se han comprendido por quienes detentan el poder en
el Congreso del Estado, pues los diputados y aspirantes a consejeros que fueron
consultados, coincidieron en que no hubo un plan concreto para las entrevistas,
de tal suerte que la única metodología que se aplicará para escoger a los
futuros consejeros ciudadanos, será el producto de las negociaciones de las
fracciones parlamentarias, sobre todo del PRI y del PAN, quienes han jugado a
la democracia para hacer feliz al ejecutivo.
En este contexto se
encuentra la propuesta del coordinador parlamentario del PAN, Carlos Tapia,
quien se encuentra promoviendo al actual consejero Felipe Mora Arellano para
que repita en la responsabilidad en el Consejo Estatal Electoral, porque de esa
forma, el blanquiazul podrá dejar sembrado un consejero que podría llegar a ser
el futuro presidente del organismo electoral, por la experiencia que tendrá
acumulada con una tercera reelección, que vale la pena decir, está permitida en
el actual Código electoral de Sonora.
Despacito muy
despacito…
En la medida que se
acerca el plazo en el que terminan sus funciones los actuales consejeros
electorales, el organismo ciudadanos parece que no puede llegar a puerto
seguro.
Terminó su tarea
acompañada de un desprestigio por las irregularidades que se presentaron en los
comicios pasados. No pudo, ni tan siquiera la lucha le hizo, por controlar los
excesos de los candidatos a gobernador, bajo la sana conseja jurídica de que lo
que no está prohibido está permitida.
No pudo ejercer un
control fiscal de los gastos de campaña y lejos de que en la contienda
electoral predominaran los valores relacionados con la democracia, como es la
tolerancia, respeto al voto, al ciudadano y al contrincante, éstos quedaron
enterrados por la guerra sucia que protagonizó cada uno de los contendientes a
los puestos de elección popular.
En otras palabras, el
actual Consejo Estatal Electoral se retira bajo un escenario donde priva la
aversión y un escaso respeto y confianza hacía este árbitro de la contienda.
Lo que vino a coronar
la crisis en el organismo electoral, fueron los hechos que se registraron la
semana pasada, en el evento que organizó la presidenta del Consejo, Olga Armida
Grijalva, para rendir el último informe del organismo electoral.
En ese evento, el ex
presidente del Consejo, Miguel Ángel Vázquez hizo públicas sus divergencias.
En entrevista
consideró que la presidenta del organismo se quiso presentar o se autodenominó
como la evaluadora de todo el proceso electoral pasado. Sacó un documento que
le llamó memoria cualitativa donde se plantean una serie de juicios sobre los
partidos políticos, sobre el Consejo electoral, la labor de la prensa y en
contra del trabajo del presidente anterior del organismo.
Lo peor del caso –explicó
Vázquez Ruiz- es que esas valoraciones son de carácter personal, producto de
las interpretaciones de Olga Armida Grijalva, porque en la elaboración de esta
memoria no se tomó en cuenta al resto de los consejeros ciudadanos.
Así como este suceso,
se encuentran otros hechos ya consumados, como es el caso de la revista Yo
Ciudadano, nombre que hace alusión al nombre de la novela Yo el Supremo, de
Augusto Roa Bastos y que es una obra clásica que trata el tema de las
dictaduras en América Latina.
Quizás, el
antecedente del actual consejo estatal electoral sea uno de los factores que
han pesado para que el tema de la elección de los futuros consejeros ciudadanos
se celebre ante una apatía ciudadana generalizada y el torbellino de intereses
de los actuales grupos gobernantes.
En otras palabras, se
puede decir que las condiciones están dadas para que la maquinaria legislativa
haga de las suyas sin tener el contrapeso de las exigencias ciudadanas de
caminar por una transición democrática.
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